Naturaleza, reinterpretada en arcilla. Un instante inmortalizado.
Biografía
Yo soy Hurry Pottery.
Mi verdadero nombre es Diana, pero cuando me adentré en la cerámica, entré en otra etapa de aprendizaje. Había vivido toda mi vida con prisas, y la arcilla me enseñó, y me sigue enseñando, a no hacerlo. La arcilla me mostró que la vida no tiene por qué ser así.
Reflejo ese cambio en mi nombre: corto, contundente, familiar al oído.
Date prisa, como recordatorio de no hacerlo (y quizás para recordar mis raíces apresuradas), y Alfarería como apellido, porque se convirtió en mi vida.
Esta disciplina es mi forma de comunicarme, un lenguaje que siempre he necesitado crear.
Nací y crecí en Ucrania y me mudé a Barcelona en 2022. Ese cambio, inesperado y no deseado, se convirtió en el comienzo de una nueva vida: la vida de Hurry Pottery.
Creo porque la belleza importa: quiero crear objetos que satisfagan la vista. Pero la belleza es solo la superficie. Mi obra trata sobre la naturaleza de la conciencia humana y el entorno que la moldeó. La naturaleza fue nuestro origen, la fuerza que nos formó. Solo más tarde, los humanos cambiaron de postura y, a su vez, comenzaron a moldear la naturaleza. Por eso mi obra se arraiga en la naturaleza: es a la vez nuestro origen y el espejo que continúa definiéndonos.
Para mí, la belleza de la naturaleza es algo digno de celebrar. La vida transcurre con rapidez, ningún momento se detiene. Y la mente humana está hecha para guardar recuerdos, pero aferrarse a un instante natural —una luz, una textura, una sensación fugaz— es frágil, casi imposible de expresar con palabras. Aquí es donde mi cerámica cobra protagonismo: preserva lo que suele desaparecer, convirtiendo lo efímero en algo que se puede conservar. A veces es el ritmo de las dunas, a veces el Mediterráneo atrapado en un jarrón.
Siempre comienza con un momento de la naturaleza, parafraseado.
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