Jean Clerté trabaja en serie. Sus narrativas secuenciales dan testimonio tanto de una espontaneidad juvenil como de un perfecto dominio en la distribución de formas e imágenes sobre la superficie pintada. La narración no es solo un cúmulo de fragmentos y símbolos yuxtapuestos, forma un todo, adquiere y da sentido. En general, podemos decir de Clerté que practica un "eco-arte" que se alimenta del hambre primaria: la sensación de estar unido a la naturaleza, las plantas, los minerales, el agua. En sus lienzos coloridos, sus tintas, sus cajas, sus objetos, como un chamán en el camino de sus sueños, el pintor Clerté asalta bestias y demonios, elfos y gnomos. Desde las marismas de Poitou hasta los bosques tropicales emerge una fauna atrapada en los meandros de un dibujo que se maravilla ante la aparición de estos ídolos grotescos.
Leer más