La materia nunca es neutral. Resiste, se transforma, cuenta una historia incluso antes de que aparezca la forma. Esta exposición reúne a seis artistas cuya obra explora, cada uno a su manera, el vínculo entre la mano, la herramienta y la materia, desde la pintura hasta la escultura.
En escultura, Michadu utiliza el metal como un verdadero lenguaje. A través de sus korrigans, figuras bretonas místicas con doble significado, da vida a personajes a la vez crudos y sensibles. Nebay, con su experiencia en el grafiti, trabaja con la pintura como un material vivo: con sus lienzos dobles y técnicas de capas, crea profundidad y establece un diálogo entre superficies. Batista lleva esta exploración aún más lejos con pinturas densas y texturizadas, donde el empaste da forma a la realidad.
En el ámbito de la pintura escultórica, la materia se vuelve más física, casi arquitectónica. Costa trabaja con materiales en bruto —metal y placas esmaltadas— no para limitarlos, sino para revelar lo que ya contienen en su interior. Grimaldi, por su parte, recupera carteles del metro, dándoles una segunda vida, en algún punto entre la memoria urbana y la transformación artística.
Entre estos dos enfoques, Nasty ocupa una posición única: al reutilizar latas de pintura en aerosol como medio, les da un nuevo propósito, transformándolas en la obra de arte misma. Marcadas por el uso, los goteos y las huellas de su mano, estas latas se convierten en testigos directos de su lenguaje pictórico y la energía del grafiti.
Estos seis artistas comparten una idea común: el material no es meramente un soporte; es el corazón de la obra de arte. Con sus imperfecciones, resistencias y reacciones, participa plenamente en el proceso creativo.
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