“Todo existe para siempre en las fotografías de Xurxo Gómez-Chao, pero apunta a la inconsistencia de un existir tan leve como efímero." (Manuel Olveira)
Enigmas de lo efímero pretende ofrecer una reflexión sobre la evolución y retorno de los modelos creativos de forma cadencial a lo largo de la historia del arte. “Se trata de un proyecto que vengo desarrollando desde el año 2010 y que tuvo su primera manifestación en noviembre de 2013 con la creación de un elemento escultórico en el Museo de Bellas Artes de A Coruña. La instalación Xardín Interior abría entonces un diálogo, que fui deconstruyendo a lo largo de estos últimos años, con el Clasicismo del Arte Moderno en contraposición con las subjetividades del Arte Contemporáneo. Analizar el concepto de “belleza” con representaciones que desde el primer momento se alejan de la realidad observada y toman conciencia en sí mismas.”
Las metáforas visuales que Gómez-Chao construye combinando objetos de lo más dispares (desde una lata de conservas a un pincel) con elementos naturales, junto con el juego de suspensiones y volúmenes, le permite crear efímeras instalaciones que finalmente quedan congelan y documentan en la imagen fotográfica.
Sus fotografías son delicados sistemas planetarios en los que flotan y actúan todo tipo de objetos en absurdos “totum revolutum” de impactante resultado y convincente efecto estético, obras luminosas, sugerentes y siempre sorprendentes, que invitan a su contemplación y a la reflexión, pues sugieren mundos en los que late la vida, que parece correr a través de las capilaridades de enredados filamentos, que sirven de entramado formal para dar coherencia a la composición, y ser hilos conductores de nuestras elucubraciones a la búsqueda de sus más profundos significados. Xurxo Gómez-Chao, tiene mucho de Diógenes de lo efímero, de Artista recolector. Como elementos desechados o tirados pueden “renacer” en su estudio con un nuevo significado. Son restos de materiales arrancados al mundo. Lo que antes no era nada, o estaba muerto, se perpetúa en una obra, un poco gracias a la lógica de lo casual, pasada bajo un filtro de retranca surrealista. Y por supuesto siempre con un toque kitsch levemente siniestro. No basta una mirada global a la totalidad de cada cuadro para quedar conformes, sino que la visión y el análisis minucioso de los detalles multiplican la satisfacción estética e intelectual del espectador.
Paisajes, objetos y retratos, ya sean tomados directamente de su entorno más cercano o recreados en el estudio a partir de restos de toda índole (vegetales y animales, pero también procedentes del más anodino consumo industrial), se mezclan o entran en relación con otros elementos habituales en el taller de cualquier artista (lápices, pinceles, tijeras, hilos, etc.). Con ellos, Gómez-Chao crea mundos y realidades paralelas. La presencia, hermosa y fascinante, pero a la vez frágil e incluso levemente siniestra, de flores y otros elementos vegetales, paisajes evanescentes, delicadas y quebradizas composiciones, así como de objetos cotidianos e insignificantes, nos sitúa ante un mundo enfrentado a su potencial o inminente desaparición. Se trata de un universo fugaz, efímero y transitorio que conecta el «mundo flotante» del placer y la felicidad con el «mundo doloroso» de la finitud terrenal.
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