(Barcelona, 1971) Alicia Marsans fue introducida a la pintura por su padre desde la más tierna infancia. Luego estudió moda y creó sus propias colecciones de seda pintada y colaboró en la producción de vestuario teatral. Pasó unos meses en Florencia a mediados de la década de 1990 para aprender varias técnicas de pintura mural. En 2000, de vuelta en Barcelona, participó en el diseño de una colección de mobiliario en colaboración con Bernardo Valdés. Luego recibió el Premio Velázquez. Sus siluetas, con contornos marcados, destacan en atmósferas oníricas, aportando sustancia a lo que no se puede fijar por definición. Besos robados, abrazos furtivos, miradas cruzadas, se hacen notar a través de los gestos crudos de su lenguaje artístico, aprovechando las expresiones de serenidad y calma que se pueden apreciar en sus paisajes y en sus naturalezas muertas. Una visión pictórica más abstracta es visible en la serie "Arena", así como en sus collages y esculturas de sal.
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