Charlie Paris x L’Atlas: una colaboración exclusiva
A través de su colaboración con Charlie Paris, L’Atlas une la relojería y el arte en torno a una misma reflexión sobre el tiempo. La esfera se convierte en un espacio de expresión para sus criptogramas circulares, signos que desdibujan los límites entre escritura y forma. En esta entrevista, el artista recuerda cómo surgió esta colaboración y comparte su deseo de transformar un objeto cotidiano en un espacio de contemplación.
1) ¿Cómo surgió esta colaboración? ¿Cómo imaginaron juntos esta colección?
L’Atlas: La colaboración nació del encuentro entre dos formas de concebir el tiempo. La relojería lo mide, mientras que el arte busca más bien suspenderlo, dilatarlo o darle otra forma.
Desde el primer momento, me interesó la esfera como un espacio casi simbólico: un círculo en el que el tiempo gira, regresa, desaparece y vuelve a empezar. Elegí inscribir en ella uno de mis criptogramas circulares, una especie de lenguaje sin alfabeto, una escritura que se puede contemplar sin necesidad de descifrarla.
La idea era crear un objeto que no se limitara a dar la hora, sino que también abriera un espacio para la contemplación.
2) ¿Qué le animó a participar en este proyecto?
L’Atlas: Lo que me atrajo fue la paradoja del reloj: es un objeto que sirve para medir el tiempo, aunque nadie puede poseerlo realmente.
Miramos la hora para saber dónde nos encontramos en el tiempo, pero, en el fondo, cada instante que observamos ya está desapareciendo. Me pareció interesante integrar mi trabajo en este objeto, porque mis criptogramas también hablan de una forma de tiempo: el de la lectura, la percepción y la interpretación.
El reloj se convierte así en una pequeña arquitectura del tiempo que llevamos con nosotros.
3) ¿Cómo ha adaptado su lenguaje visual al universo de la relojería sin dejar de ser fiel a su enfoque artístico?
L’Atlas: En realidad, no intenté adaptar mi lenguaje visual. Más bien, traté de escuchar lo que el propio soporte podía contar.
La forma circular de la esfera conectaba de manera natural con mis criptogramas redondos. La considero una forma primitiva y universal: el círculo como ciclo, como movimiento perpetuo, como un espacio sin principio ni fin.
Mi trabajo consiste a menudo en transformar signos en formas y formas en signos. Con este reloj, el proceso casi se invirtió: el signo pasa a habitar un objeto cuya función es, en sí misma, dar sentido al movimiento del tiempo.
El criptograma sigue siendo deliberadamente indescifrable. Puede leerse, pero no necesariamente comprenderse. Y quizá sea precisamente ahí donde comienza la poesía.
4) ¿Qué busca en una colaboración?
L’Atlas: Busco un encuentro que genere un cambio de perspectiva.
Para mí, una buena colaboración no consiste en yuxtaponer dos universos. Debe permitir que cada parte salga ligeramente de su propio territorio y descubra algo que no habría encontrado por sí sola.
Me gusta la idea de que un objeto pueda convertirse en el punto de encuentro entre ambos mundos: entre la materia y la idea, la función y la poesía, lo que reconocemos y lo que todavía no comprendemos. Por ejemplo, si se fija en las agujas del reloj, verá que se han troquelado a partir de las cuchillas de cúter que utilizo en el taller para cortar mis adhesivos.
5) ¿Qué le gustaría que el público se llevara de esta colección?
L’Atlas: Sobre todo, me gustaría que quedara una sensación.
Que uno mire el reloj para consultar la hora y después olvide por un instante leerla. Que la esfera se convierta en otra cosa: una forma, un signo, un lenguaje silencioso.
Mis criptogramas son formas de escritura que no revelan su significado de inmediato. Requieren atención y, a veces, tiempo. Quizá este reloj sea una manera de hacer coincidir ambas cosas: el tiempo que medimos y el tiempo que nos tomamos para mirar.
En el fondo, me gustaría que cada persona pudiera proyectar su propia historia en él. Porque un signo nunca significa exactamente lo mismo para quien lo observa.
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