Mándame Ivonne, 2023
Pintura : pega, técnica mixta · 92 x 59 x 1 cm 36.2 x 23.2 x 0.4 inch
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Opiniones verificadas : 9.6/10
Acerca de la obra
Tipo
Pintura : Obra de arte única
Estado
Obra vendida en perfecto estado, sin enmarcar
Autenticación
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Firma
Obra Firmada A Mano
Técnica y soporte
pega , técnica mixta sobre Papel fine art
Dimensiones ( cm • inch )
92 x 59 x 1 cm 36.2 x 23.2 x 0.4 inch Altura x Anchura x Profundidad
Vendida por
Galería de arte
Referencias
Vendedor certificado desde 2023 • Top Seller
Descripción
Mándame Ivonne, obra de Zeta Yeyati, presenta la serena intensidad de un retrato femenino que parece surgir de una carta no enviada. Desde su título, la pieza sugiere una relación entre la ausencia, el anhelo y la evocación. Creada en técnica mixta sobre papel, con unas medidas de 59 x 92 cm, la pintura está construida con acrílico, esténcil, collage y ensamblaje, dando forma a una imagen visualmente equilibrada y simbólicamente rica. La mujer retratada con líneas esenciales y una paleta de naranja, blanco, negro y gris se encuentra en el centro de una escena donde reina la armonía compositiva. Su mirada, sello distintivo de la obra de Yeyati, transmite una narrativa tácita. El gesto predomina sobre la representación literal y los elementos ornamentales se funden a la perfección en un lenguaje de poesía visual. Con un encanto vintage y un tono ligeramente anacrónico, Mándame Ivonne evoca personajes de cuentos olvidados. Como todas las piezas de Yeyati, esta obra refleja un enfoque ético en la creación artística. Los materiales utilizados son recuperados, reutilizados y convertidos en elementos significativos. Reciclar aquí no es una elección estilística, sino filosófica, una postura silenciosa contra el desperdicio y el exceso. Esta obra se convierte tanto en una propuesta visual como en un acto poético de transformación.
Un lenguaje forjado entre lo descartado y lo poético
Zeta Yeyati es un artista visual argentino que transforma materiales desechados en imágenes poéticas. Si bien es reconocido por su carrera musical, sus orígenes creativos se remontan al dibujo y al trabajo con objetos encontrados desde la infancia. Su arte surge de una profunda sensibilidad que observa lo olvidado y transforma lo cotidiano en significado. En sus manos, los fragmentos se convierten en historias y las texturas en memoria.
Mándame Ivonne obra de Zeta Yeyati como pieza clave de su universo visual
Mándame Ivonne obra de Zeta Yeyati encarna los rasgos esenciales de su proceso creativo. Aunque moldeado por talleres con artistas como Pujía, Ferrari y Aisemberg, el arte de Yeyati no sigue ninguna escuela ni canon. Su lenguaje es libre, intuitivo y profundamente personal. En esta obra, la plantilla, la cerámica, el collage y materiales ensamblados como el metal y la madera convergen para formar un retrato tan íntimo como misterioso. Con líneas minimalistas y ricas texturas, la figura femenina se convierte en algo más que una imagen. Es una presencia, un recuerdo, un mensaje inédito. La pintura resuena a través de su composición serena y su materialidad simbólica. Mándame Ivonne obra de Zeta Yeyati nos invita a ver no solo un rostro, sino un mundo construido desde la ausencia y la imaginación.
El arte como mensaje suspendido
En esta pieza, Yeyati nos ofrece más que un retrato. Mándame Ivonne es un mensaje suspendido, una postal visual que habla a través del silencio. Aborda temas de anhelo, interrupción e intimidad. Su paleta sobria y su estética híbrida amplifican su resonancia emocional. La obra nos recuerda que el arte puede expresar lo que las palabras a menudo no pueden. A través de materiales recuperados y una mirada personal, Mándame Ivonne obra de Zeta Yeyati emerge como una joya poética y visual, nacida del gesto, la emoción y la observación atenta.
Presentación
Zeta Yeyati (Burzaco, 1965) es un artista visual que ha transformado el reciclaje en un lenguaje poético y la materia olvidada en un acto de redención estética. Si bien el público lo ha conocido como músico en proyectos como Los Intocables, La Mississippi o Babel Orkesta, sus verdaderas raíces creativas residen en las artes visuales. La expresión visual fue su primer terreno. Antes de los acordes, llegó el dibujo. Antes de los escenarios, llegaron los troncos entrelazados.
Autodidacta inquieto y sensible, Yeyati asistió a talleres con figuras como Antonio Pujía, León Ferrari y Diana Aisemberg; sin embargo, su obra no sigue ninguna escuela formal. Se mueve con libertad entre la cerámica, el collage, el esténcil y el ensamblaje. Su estética se nutre de lo que otros desechan: carteles callejeros, restos de hierro, patas de muebles, bronces y madera envejecida. Un contenedor de basura fue su primer museo. Después vinieron los mercadillos, donde continúa recolectando restos para sus piezas únicas.
En sus obras conviven perros, pájaros, músicos, reinas, caballos y magos, como si cada figura emergiera de una historia más antigua que el propio objeto. Su repertorio está poblado de personajes que surgen del collage con la fuerza de un sueño lúcido. No busca imitar la realidad, sino reencarnar fragmentos de ella. Como lo describió el curador Rodrigo Alonso, su arte es una "filosofía vital", un gesto que desafía el consumismo y abraza la posibilidad de revivir lo olvidado.
El color, presente con una intensidad impactante en su obra reciente, llegó gracias a un cambio interior: su encuentro con Milo Lockett, que no solo redefinió su paleta, sino también su forma de compartir su universo. Desde entonces, la obra de Yeyati vibra con una energía más lúdica, sin perder su profundidad simbólica.
Yeyati no se limita a crear imágenes, sino que construye una arqueología emocional a partir de los restos de la vida cotidiana. Cada obra es una historia hecha de tiempo, memoria y desperdicio; un acto de rescate que devuelve la humanidad a la materia. Desde ese gesto —profundamente plástico y profundamente humano— su arte se dirige a quienes están dispuestos a mirar más allá de la superficie.
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