The wind can still move, scatter and uncomb, 2026
Pintura : acrílico, tiza, pastel · 30 x 30 x 3 cm 11.8 x 11.8 x 1.2 inch · Lista para colgar
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Dimensiones ( cm • inch )
30 x 30 x 3 cm 11.8 x 11.8 x 1.2 inch Altura x Anchura x Profundidad
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Descripción
Esta obra circular explora los profundos misterios de la anatomía humana. Una sola mano emerge de un vacío profundo y obsidiana. El gesto está posado y delicado. Evoca una sensación de comunicación silenciosa o tensión espiritual. Fuertes contornos negros definen la tensión muscular y la curva de la muñeca. El artista combina una comprensión magistral de la forma clásica con una energía modernista y expresionista.
La paleta es sofisticada y contenida. Tonos de piel pálida contrastan marcadamente con un telón de fondo de negro medianoche y azul etéreo. Toques sutiles de ocre y oro se filtran en la composición como llamas parpadeantes. Estos acentos añaden calidez a los alrededores fríos y atmosféricos.
La técnica superpone acrílico, tiza y pastel para crear una superficie rica y táctil. Esta combinación permite tanto líneas gráficas precisas como transiciones suaves y difuminadas. El movimiento es fluido y orgánico. Transforma una simple parte del cuerpo en un símbolo universal de emoción. La composición captura un impulso fugaz de tacto y deseo. Invita al espectador a contemplar el límite entre lo físico y lo subconsciente a través de un detalle anatómico singular y poderoso.
Presentación
El cuerpo humano es el principal tema del arte de Alisa Gorelova. Estudiado por especialistas en anatomía y pintores de los últimos cinco siglos, en sus pinturas tiene un aspecto insólito, inquietante, misterioso. La imagen vive, respira y pulsa acercándose a los límites donde se arriesga a descomponerse en manchas de color o perder la composición comprensible por todos, convirtiéndose en algo como la flor o la llama. Es imposible encontrar aquí dos figuras iguales: se entrelazan formando una cadena, desbordan las estrechas telas de otros lienzos y tienden unos hacia, transmiten el impulso que apareció por primera vez en el roce de las manos de Dios y Adán en el techo de la Capilla Sixtina.
Como en el primer acto de la creación, los cuerpos en las obras de Gorelova carecen de credos políticos o gustos preferentes, todas sus peculiares características se centran en ellos mismos. Cada cuadro se desenvuelve ante el espectador como un baile de forma y color – la artista se inspira en el arte de Matisse, pero su coreografía es más moderna y está inmersa en las capacidades físicas del hombre. Fuera de convenciones sociales, culturales o de cualquier otra índole, “el hombre desnudo en la tierra desnuda" soñado por los filósofos, requiere una minuciosa y atenta consideración del pintor, capaz de captar el latido más sutil bajo la piel que cambia el relieve y el color. Un recurso plástico ilimitado, que es el cuerpo humano, es imposible de sustituir por obras de progreso científico y técnico.
Los trabajos de Gorelova, a diferencia de los experimentos de Frankenstein, destacan por la atención cuidadosamente trasladada a través de su pincel y lápiz a cada curva del modelo.
La artista recompone al hombre dividido en partes por el arte de modernismo e historia del siglo XX o, por lo menos, nos da esperanza creer que esta recomposición sea posible.
La exposición está formada por cuatro grandes obras de tres partes cada una, creadas en el año 2022. Todas desarrollan una vida intensa de forma y color que fluye de figura a figura, aportando a cada lienzo su propia vibración emocional. Lienzos estrechos y verticales se convirtieron en una característica propia del arte de Gorelova, así como amplias y alargadas diagonales que captan la mirada del espectador, lo conducen imperiosamente haciendo hincapié en cada tríceps y en toda la tensión de la musculatura. Su talento existe en un diapasón ancho y verdaderamente moderno, donde se mueve libremente entre la antigüedad, manierismo y el siglo XX. Ahora Gorelova recurre cada vez más a los italianos del siglo XVII – caprichosos y presuntuosos: el techo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel y galería de Fontainebleau Rosso Fiorentino sirven de recurso plástico.
Seleccionando lo mejor de Renacimiento, diseccionando el cuerpo en expresionismo o deconstruyéndolo en surrealismo, el artista siempre aspira a lo nuevo. Gorelova actúa dentro del conjunto posmoderno de imágenes: es muy natural ver en el cuadro una mano o una pierna de un personaje renacentista pero tratada hasta la pureza con el ácido del surrealismo. La fluidez de formas pictóricas es comparable con personajes ambiguos y mágicos de Leonora Carrington, y con la anatomía femenina de las flores de Georgia O'Keeffe. Los pies y las muñecas se afinan, se alargan, se multiplican, empiezan a vivir su vida pese a cualquier realismo. El movimiento está descompuesto en muchas etapas, pero estos desnudos no bajan las escaleras, al contrario – las figuras agonizantes se encaraman unas sobre otras. Cabe preguntarse ¿dónde ocurre todo esto – quizás en el “Infierno" de Dante?
Apasionada por la estructura de los cuerpos y el movimiento de la pintura sobre el lienzo, la artista sin querer resuelve el más complejo problema de “mensaje", o medios tradicionales y consagrados por la historia. Las figuras en sus cuadros aparecen tan abigarradas que evocan conceptos sociológicos de “muchedumbre" y “gentío". La corporalidad, que en las últimas décadas se convirtió en uno de los problemas y temas principales del arte, alcanza con ello su máxima expresión. Ahora las emociones son intensas hasta lo insoportable y en toda su plenitud se transmiten no por la individualización de los rostros, sino por los mismos cuerpos despersonalizados. La compleja plástica trabajada minuciosamente por la artista es capaz de producir fácilmente fórmulas retóricas conocidas desde los tiempos del barroco. Gorelova consigue sacarlas de las capas de memoria cultural enterradas en una cercanía peligrosa a la superficie de existencia humana y que separan la personalidad de la nada. No son tan solo las profundidades del subconsciente que tanto atraían a los artistas surrealistas, sino la delgada línea que separa al hombre de la bestia interior. Gorelova aprendió bien la lección del arte que se extendió durante todo el siglo XX junto con expresionistas, cuya evidencia es la intensísima armonía cromática de las pinturas. El espectador que está ante estos cuadros puede estar escandalizado o asustado, enfrentándose a millones de cuestiones momentáneas hacia su cuerpo que ni siquiera llegan hasta su consciencia: “¿Acaso esto soy yo?". Lo dibujado por la artista es enfrentado y comparado con el receptáculo de la personalidad inherente al ser humano, la capa muscular de una consciencia única – aquí está el foco y paradoja de la verosimilitud. El cuerpo humano sigue siendo una imagen universal capaz de explicar todo, sobre todo si está realizado con este esmero interno propio de la pintura de Gorelova. El problema filosófico y psicológico bien conocido “El Yo y el Otro" adquiere un nuevo aspecto.
pavel gerasimenko
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