Escultura Bronce
Vivien Raynal posee la principal cualidad que se espera de un artista: tiene un universo propio que es inmediatamente reconocible a primera vista.
Vivien Raynal es un artista completo. Nacido en una familia de artistas, creció en el sur de Francia. Si bien la música lo cautivó en su infancia, el dibujo y el cine siempre han sido sus grandes pasiones. Músico, escritor y compositor, viaja por el mundo y se siente atraído por las imágenes, los estados de ánimo, las atmósferas y la iluminación artificial o sombría. Le fascinan los demás, con sus imperfecciones, y proyecta en ellos sus propias vulnerabilidades.
La meditación y la exploración de estados alterados de conciencia infundieron en Vivien Raynal una obsesión por el tiempo, el presente y los espacios liminales. El vértigo provocado por el infinito es una vibración fascinante, como la inmensidad del vacío. Entonces se percató de que la imagen crea una nueva temporalidad al emanciparse del tiempo, y que a partir de entonces podría expresarse plenamente a través de este prisma.
La obra de Vivien Raynal no se limita a una sola técnica ni a un único discurso. Abre las puertas a una imaginación a la vez íntima y universal. La soledad le sirve de inspiración, dando lugar a universos singulares impregnados de marginalidad y teñidos de locura.
Inspirado por la atmósfera inquietante de las grandes ciudades del mundo, le fascinan las zonas urbanas deterioradas, los arcenes aislados y los interiores kitsch e inquietantes… estos lugares, construidos por el hombre y luego abandonados, son simplemente un reflejo de la fragilidad de un sistema.
La impactante estética de sus obras surge del uso de colores deliberadamente vibrantes, así como de la sobriedad y pureza de la imagen. Estas técnicas contrastan con la singularidad de su temática: sus composiciones celebran la fealdad y la locura, la inmundicia y la sordidez de la humanidad.
La perfección no existe en el ser humano. Detrás de cada uno de nosotros yace una parte vergonzosa que ocultamos, pero que, sin embargo, se filtra a través de nosotros. Es la fragilidad del hombre, sus defectos, sus perversiones, sus desviaciones, lo que lo hace humano.
Con un enfoque redentor, rehabilita a la humanidad, restaurando su nobleza: todos somos frágiles.
Texto de Laetitia Deloustal, doctora en Historia e Historia del Arte, octubre de 2023
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