La serpiente ocupa un lugar importante y singular en la escultura contemporánea como figura simbólica, orgánica y formal cuya riqueza iconográfica atraviesa todas las grandes civilizaciones artísticas.
Presente desde los orígenes del arte —desde los frisos mesopotámicos hasta las mitologías griega y egipcia, pasando por el simbolismo cristiano y las cosmogonías amerindias— concentra una ambivalencia profunda que la convierte en uno de los motivos más cargados de la historia humana, asociando vida y muerte, tentación y sabiduría, transformación y eternidad a través de la imagen de la serpiente que se muerde la cola.
Esta riqueza simbólica milenaria constituye un terreno fértil para los artistas contemporáneos, que la utilizan para explorar territorios plásticos muy diversos, desde la figuración expresiva y naturalista hasta interpretaciones abstractas o pop.
Desde el punto de vista formal, la serpiente ofrece posibilidades escultóricas excepcionales: la curva continua de su cuerpo, la tensión entre movimiento e inmovilidad, la riqueza de las texturas escamosas y los efectos materiales que generan la convierten en un sujeto ideal para explorar las cualidades intrínsecas de los materiales como el bronce, la resina, el metal forjado o ensamblajes más inesperados.
Artistas como André Robillard, cuyas esculturas de Art Brut reflejan una relación directa e instintiva con la forma animal, junto a interpretaciones contemporáneas en bronce pulido o resina coloreada, muestran la capacidad de la serpiente para reinventarse constantemente a través de múltiples enfoques.
En Artsper, esta selección reúne esculturas en las que la serpiente se convierte en un auténtico lenguaje visual, explorado tanto en su dimensión simbólica como formal, destacando la vitalidad de un motivo ancestral en la escultura contemporánea.