Véronique Rischard solo dibuja árboles, en tinta china sobre fondo blanco. Los árboles extienden sus ramas en gráciles circunvoluciones. Tienen la flexibilidad de la estética coreográfica de bailarines que despliegan sus brazos en movimientos aéreos. Es en la composición donde sobresale este artista, dando en el entrelazado de ramificaciones y los giros del tronco, todo su equilibrio. Un ligero soplo de aire, el blanco circula entre las hojas. En una inspiración romántica, el alma del espectador se hunde en esta naturaleza silenciosa. En díptico o tríptico, las astas, la vegetación abusiva crece sin cesar, invade el lienzo de panel en panel. Después de obtener el diploma nacional de Bellas Artes en Estrasburgo, Véronique Rischard avanzó hacia el mundo lírico. Se inició en la Ópera de París como asistente de dirección, donde tiene la oportunidad de trabajar con los mejores músicos y artistas escénicos de nuestro tiempo. Firma sus propias producciones y, atraída por la gran libertad que ofrecen las producciones para público joven, obtiene varios encargos de óperas infantiles: para el año de la cultura de Luxemburgo 1995, además del Capitole de Toulouse, la Ópera de Nancy, la Metz Ópera.
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