Marie-Laure Maze, con formación científica, terminó su carrera de ingeniería para pintar incansablemente durante varios años. Desde 2013, ha entregado grandes prados floridos y montañosos, tierras cubiertas de viñas otoñales, una colza luminosa, una justicia de trigo. Muy exigente en su composición, trabaja con precisión las perspectivas y crea así espacios gráficos que tienden a la abstracción. Las filas corren, circulan por los campos, multiplican las invitaciones para caminar o dejar progresar los pensamientos. En 2014, su estilo tiende cada vez más a la abstracción, el sujeto desaparece, el horizonte es el único elemento figurativo que devuelve un poco a la realidad, pero sin impedir la mirada y escapar. El trabajo de color y material sigue presente, sutil y delicado. El ritmo y la repetición, en un marco horizontal y vertical, forman una especie de tejido que desemboca en nuevos paisajes.
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